Aumenta la preocupación ambiental por la enorme huella de carbono de la Copa del Mundo 2026

Nuevos datos revelan que la Copa del Mundo 2026 podría ser la más contaminante de la historia, con proyecciones de emisiones que duplican los promedios anteriores debido al aumento de la demanda de viajes aéreos en North America.

Un torneo de escala sin precedentes y un alto coste atmosférico

Mientras North America se prepara para albergar la Copa del Mundo más extensa de la historia, el precio ambiental del torneo de 2026 está pasando a primer plano. Aunque los titulares han estado dominados por la inflación de los precios de las entradas y las tensiones geopolíticas, las proyecciones científicas sugieren un desastre ecológico inminente. Los expertos estiman ahora que la próxima competición generará aproximadamente 9 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra que casi duplica el promedio histórico del evento.

El alto precio de los viajes transcontinentales

El principal motor de este daño atmosférico es la geografía misma de la edición de 2026. Al abarcar tres naciones —United States, Canada y Mexico—, el torneo exige un nivel de viajes aéreos nunca antes visto en el deporte internacional. Las investigaciones indican que la aviación por sí sola representará unos 7,7 millones de toneladas de la producción total de carbono. En el peor de los casos, algunos analistas sugieren que las emisiones relacionadas con el transporte podrían ascender hasta los 13,7 millones de toneladas.

En comparación con los torneos celebrados entre 2010 y 2022, se espera que la contaminación basada en vuelos del evento de 2026 sea más de cuatro veces superior. Este aumento resalta una desconexión significativa entre las promesas públicas de sostenibilidad de la FIFA y la realidad logística de un torneo de 48 equipos repartidos por todo un continente.

Controversias encontradas en el camino hacia 2026

La crisis climática es solo una capa de un complejo proceso de preparación hasta el pitido inicial. El torneo ya está navegando por un campo de minas de obstáculos logísticos y políticos, incluyendo preocupaciones sobre las estrategias policiales nacionales y el alto coste de asistencia para los aficionados promedio. Sin embargo, el impacto a largo plazo de la huella de carbono del evento puede resultar ser su legado más duradero.

A medida que el evento deportivo más popular del mundo escala para dar cabida a más equipos y distancias más largas, la presión sobre las ciudades anfitrionas para mitigar estos efectos ambientales se intensifica. Sin un cambio radical en la forma en que los aficionados y los equipos se desplazan entre las sedes, la Copa del Mundo 2026 corre el riesgo de ser recordada como un pico en la contaminación deportiva mundial en lugar de una celebración del deporte rey.

Source: The Guardian Football

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